Paloma que pierde el vuelo (02/16)

Era una mañana hermosa. El cielo parecía salirse de un cuadro surrealista. Veíamos juntos el amanecer. La brisa mañanera y el silencio de la ciudad dando los primeros bostezos, hacían que, por primera vez, quisiera estar allí. El mundo me gustaba. Ella también. La mañana es la única parte del día en la que la gente me cae bien. Los ojos lagañosos, parecen sinceros de mañana, cuando la tarde del mundo miserable no ha corrompido aún, en esos corazones ya rotos. Es impresión mía, pero la gente parece feliz de hacer lo que hace, junto con la infusión oriental y amarga de todos los días. Entonces, yo soy feliz. Cuando la noche y su tristeza parecen tan lejanas. De mí y de todos ellos.
El día transcurrió. La mañana se fue de a poco como el agua entre los dedos, o el amor entre los labios. Se esfumó de a poquito cuando el sol comenzó a picar en nuestras cabezas y a calentarnos el cuero cabelludo. Ahí sentí que ya el mundo ni esa parte mísera de Tierra me pertenecían, y me sentí desamparada. Como pasaba siempre. Cada vez que el sol me encontraba caminando. Pero hoy es distinto. Hoy su mano está en mi cintura, o en mi hombro, como ella lo prefiera. Acariciándome cada lunar y cada peca, como queriéndolos retener en su memoria sensorial y en sus retinas. Hoy la mañana se alargó un poco más, y mi desamparo se convirtió en desvelo, desvelo de querer, y de quererla.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s