Say no more

Estaba extrañándole. Su cuerpo era lo suficientemente sensual y su mente lo suficientemente sexy como para conquistar cada uno de mis poros y cada una de mis neuronas. A veces creía que era un simple engaño, que yo era masoquista, que no quería verle ni quererle, que solo era víctima de una (y otra) leve atracción informática. A pesar de eso me gustaba imaginarme junto a él. A veces era todo lo que quería y tantas otras lo que odiaba, de todas maneras me fascinaba esa mezcla imperfecta que era. Su mirada celeste era todo lo que quería tener entre mis ojos y sus manos brillantes y secas por el trabajo eran todo lo que quería tener entre mis piernas. Los ojos junto con sus cejas y la nariz, formaban una figura redondeada, y eran grandes y celestes, lo bastante grandes para hacerme sentir bien. Sus rasgos (todos) eran finos, y su nariz delicada, blanca y alargada salía de su frente y giraba por sus ojos formando un semi-círculo gris de ojeras de cansancio cruel. Sus manos eran grandes y su espalda igual, tan grande como mis ganas y las suyas de volverla a ver. Su boca también era fina, rosada, tranquila, suave… Su sonrisa elevándose, forma un mini-arco y en las comisuras de sus labios leo cuentos que nunca había leído antes, escucho historias incontables, me transporto a kilómetros de donde estoy; hacia donde está él. Hacia donde deposita su cuerpo y sus ganas todos los días. Le faltaban la mitad de las uñas y la mitad del alma, estaba tan lastimado como yo, tanto como María Eugenia. Ella había sido para él todo lo que para mí él era ahora. Era cruel pensarlo. Su vida estaba ligada a la mía por una ínfima línea satelital, pero estaban también profundamente conectadas por una gruesa pincelada de amor, de ese que te hiela los huesos, que te deja sin respirar por segundos, y no sabía en ese momento qué era lo que titubeaba más. Si el satélite o su constancia en quererme. Algunas veces pensaba melancólicamente en cómo lo quería, y me decía a mi misma que era mentira, que eso no podía suceder, que era un capricho. Un capricho que duró cuatro años. A veces pueden durar. Cuando el ser humano quiere algo se empeña en conseguirlo. Y yo lo tengo, pero lejos de mí. Así que lo quiero más que a nada en este presente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s