Confesiones

Tenía nueve años cuando un hombre me tocó por primera vez.

Yo jugaba a la “mancha” y él, un tipo más grande, como de unos veinte, corría tras de mí simulando jugar. Aquella era una casa grande con muchas habitaciones y perdimos a los demás niños en alguna de ellas. En cierto momento del juego, quedé sola con él en una de las habitaciones. Me tomó por detrás, y al grito de “te atrapé” , me lanzó encima de una cama que allí había.

Sentí sus partes en mi trasero. Él se restregaba en mí, mientras seguía diciendo “te atrapé, te atrapé” .

Al cabo de unos minutos, uno de los niños pasó corriendo y él automáticamente se apartó de mí y se fue, como si nada.

Desde ese día no jugué más a la mancha y tampoco a las escondidas. No me gustaba, no entendía por qué. Trece años después, al fin lo entiendo.

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